El ADN de una semana inolvidable en Larrabide.
Por David Montero.
Cuando el último silbato suena y el pabellón de Larrabide recupera su calma habitual, es cuando realmente te das cuenta de la magnitud de lo vivido. Esta semana no ha sido un campus más; ha sido una lección de vida para todos los que hemos formado parte de ella.
91 niños y niñas. 91 historias, 91 ritmos diferentes y 91 motivos para seguir creyendo en el deporte como la mejor herramienta de formación. Ver a casi un centenar de jóvenes convivir, esforzarse y, sobre todo, respetarse, es el verdadero éxito de este proyecto.
«Aprendemos todos».
Si algo define el espíritu de este campus es que aquí la enseñanza es bidireccional. A menudo pensamos que somos los monitores y entrenadores quienes enseñamos a los más pequeños, pero la realidad es otra: aprendemos todos.
Hemos aprendido de la capacidad de adaptación de aquellos que se enfrentaban por primera vez a un reto deportivo. Hemos aprendido de la paciencia y la empatía de los más veteranos ayudando a los nuevos. Y, personalmente, como Director Técnico, he vuelto a confirmar que cada niño es un mundo y que nuestro trabajo es encontrar la llave para que cada uno de ellos se sienta importante y parte de un equipo.
Gracias a la familia del Baloncesto Navarro.
Nada de esto sería posible sin la confianza de las familias que nos entregáis lo más valioso que tenéis, y sin un equipo de monitores que se ha dejado la piel para que cada detalle saliera perfecto.
Cerramos esta edición con la satisfacción del trabajo bien hecho y con la mochila llena de aprendizajes. Porque al final, el baloncesto es el medio, pero el objetivo es que cada uno de estos 91 valientes se haya llevado algo positivo para su día a día.
¡Nos vemos en la próxima! ¡Seguimos creciendo!

























